-Este es mi teatro- explicó Pablo, un teatro divertido; es de esperar que encontréis toda clase de cosas para reír. (…)-Mi teatrito tiene tantas puertas de palcos como queráis: diez, o ciento, o mil, y detrás de cada puerta os espera lo que vosotros vayáis buscando precisamente.
Es una bonita galería de vistas, caro amigo, pero no le serviría de nada recorrerla así como está usted. Se encontraría atado y deslumbrado por lo que viene usted llamando su personalidad.
Sin duda, ha adivinado usted hace mucho que el dominio del tiempo, a redención de la realidad y cualesquiera que sean los nombres que haya dado a sus anhelos, no representan otra cosa que el deseo de desprenderse de su llamada personalidad.
Esta es la cárcel que lo aprisiona.
Y usted, si tal como está entrase en el teatro, lo vería todo con los ojos de Harry, todo a través de las viejas gafas del lobo estepario.
Por eso se le invita a que se desprenda de sus gafas y que tenga la bondad de dejar esa muy honorable personalidad aquí en el guardarropa, donde volverá a tenerla a su disposición en el momento que lo desee. (…)
- Así, Harry, venga usted y esté muy contento. Ponerlo de buen humor, enseñarle a reír, es la finalidad de todos estos preparativos, yo espero que usted se abrevie el camino. (…)
Ahora, sin temor y con cordial alegría, va usted a entrar en nuestro mundo fantástico, empezando como es costumbre, por un pequeño suicidio aparente.
Volvió a sacar otra vez el pequeño espejo de bolsillo y me lo puso delante de la cara (…)
Esta imagen, de la que ya se puede prescindir, tiene usted ahora que extinguirla, caro amigo; otra cosa no hace falta. Basta que usted cuando su humor lo permita, observe esta imagen con una risa sincera.
Usted esta aquí en una escuela de humorismo, tiene que aprender a reír. Todo humorismo superior empieza porque ya no se tome en serio la propia persona.
Miré con fijeza en el espejito, espejito en la mano, en el cual el lobo Harry ejecutaba sus sacudidas: por un instante, sentí yo también unos sacudimientos dentro de mi, muy hondos, calladamente, pero dolorosos, como recuerdo, como nostalgia, como arrepentimiento.
Luego cedió la ligera opresión a un sentimiento nuevo (…) una sensación de aligeramiento de ensancharse el pecho y, al mismo tiempo, de admiración porque no haya dolido.
Y a este sentimiento se agregaba una rozagante satisfacción, y unas ganas de reír irresistible, hasta el punto de que hube de soltar una carcajada liberadora.
Herman Hesse "El Lobo estepario" - Fragmento -

